Joven barranquillera que regresó de España.
Joven barranquillera que regresó de España.
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Nosotros tenemos la cura

Joven barranquillera narra su experiencia vivida en España con la propagación del coronavirus.

Mi nombre es Valentina y hace 5 años me mudé a Madrid, España, sin saber cuando iba a volver...pero esta historia no es sobre mi, sino sobre todos.

Como muchos saben actualmente estamos en medio de la pandemia del coronavirus. A principios de año leía la noticia de la situación en China y lo veía tan desafortunado, pero a la vez tan ajeno.

Nunca contemplé la posibilidad de vivir cerca esa crisis, y era la primera en tildar la reacción de los medios como ‘exagerados’. Y es ahora que me doy cuenta lo acertada que es esa frase de “que uno no sabe lo que esta sintiendo el otro hasta vivirlo en la propia piel.”

Todo empezó el martes 10 de marzo, estoy en mi primera clase del día. Inesperadamente entra el director y con tono de preocupación en su voz nos informa del contagio del Covid-19 en dos estudiantes dentro de la institución, lo cual lo lleva a suspender de inmediato toda actividad universitaria por 15 días.

En consecuencia, muchos de mis compañeros se compraron sus cervezas (sí, en las universidades venden alcohol) y empezaron a celebrar sus “vacaciones obligadas”. Ese mismo día suspendieron todos los centros educativos de la comunidad de Madrid, así que decidí aprovechar y hacer mi mercado semanal, sin pensar que me iría a encontrar con estantes completamente vacíos... y para mi seguía siendo una “exageración”.

Al día siguiente, los casos ya se habían duplicado. A raíz de esto, muchos de los extranjeros residentes en España decidieron comprar su tiquete y regresar a sus casas. Mi roomie, o compañera de apartamento, fue una de esas. Pasaban los días y la jornada se volvía cada hora mas solitaria. Pero por más que mi familia insistía en que volviera, yo no contemplaba la idea de regresarme, consideraba este aislamiento como oportuno para enfocarme en el estudio y en el trabajo.

Llega viernes, y el pánico aumenta, la mitad de los casos en España provienen de la capital, prohiben la entrada a pasajeros de Europa en Estados Unidos y cierran todos los comercios de Madrid. Empiezo a considerar pasar al menos este encierro con los mios, pero sigo intentando engañar a la mente.

Llega sábado, cuarto día sin salir de la casa, ya no quedan camillas en los hospitales, el gobierno toma como medida drástica prohibir el libre movimiento sancionando con multa y cárcel para quien salga de la casa, y oficialmente me encuentro en un estado mental que no reconozco. Hay un ambiente de incertidumbre, la universidad sigue aplazando el día de reingreso y ya no provoca levantarse de la cama, comer, ni estudiar, pero repito, esta historia no es solo la mia.

¡Colombia, todavía estamos a tiempo! tenemos que ser conscientes que sí esta pasando. Países con excelente servicio de sanidad como España se estan viendo colapsados por la cantidad de casos, ¿será que todos tenemos algo que aprender de esto?, esta crisis nos enseña a priorizar la salud antes que el trabajo/estudio, nos enseña a pensar como un colectivo más que un individuo, nos recuerda que es tiempo de valorar los momento que pasamos en familia. Vivimos en un mundo donde pensamos que ser independiente nos hace fuertes cuando en realidad es la unión lo que nos hace invencibles.

Actualmente me encuentro escribiendo desde mi silla de avión. Regreso a Barranqulla porque quiero continuar la cuarentena aislada pero con la tranquilidad de saber que estoy en casa. Leo comentarios en las redes sociales tildando a los que queremos volver a casa como “irresponsables” , “inconscientes”. Nosotros lo hemos vivido, nuestro propósito es todo lo contrario, concientizarlos, invitarlos a tener empatía y pasar esta cuarentena desde nuestros hogares.

Miremos esta situación con otros ojos, y recordemos no juzgar si no estamos en los zapatos del otro. La cura está en mí, en tí, en todos.

Por: Valentina Salazar Choperena

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